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“En Las Suelas de Todos”

Posted: February 3, 2011 in Uncategorized

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Apenas podía dormir la pobre mujer aquella fría madrugada.  A eso de las 3 am, se levanta indecisa por tomar un café, que quizás habría de desvelar aun más su travesía por algo de descanso. A diario, escuchaba disparos y gente pasando corriendo; quizás metidos en algún problema por las calles del barrio en el que había vivido los últimos 10 años. A sus 67 años de edad, doña Teresa habría visto tal vez más de 100 homicidios. Su cuerpo evitaba el afán por gritar la urgencia, y solo podía observar por su ventana como era injusto vivir para otros, lamentando sus desgracias, limitando su interés a la impotencia por ayudar.

Habría visto un par de veces a Josefina, enredando con sus largas piernas cuellos ajenos. Admiraba la juventud en sus formas, mas sin embargo denigraba su labor. Cada noche, Josefina Wilson vendía su cuerpo por pocos pesos, teniendo como lugar predilecto la esquina de la calle en la que doña Teresa admiraba noches en espera de poder dormir. Le llamaba la vagabunda y le observaba con indiferencia, mas sin embargo no dejaba de aquietarse por las sorpresas que llegaban a sus bolsillos noche tras noche.  La policía del lugar se paseaba inconstantemente, lo que molestaba la vieja mujer, que se quejaba por falta de seguridad. Variedad de delincuentes que atracaban, violaban, asesinaban y perturbaban las calles del sitio, se aglomeraban en conjunto para planear saqueos en la ciudad.

Teresa solo pensaba la manera de acabar con ellos algún día, esperando reposo tal vez y poder tener alguna noche en paz, para dormir en tranquilidad. Sin embargo ya conocía, a través de su ventana, varios de los personajes predilectos de la mafia y sus alrededores. Entre ellos, el cauteloso Pedro Barrios, más conocido como Pedro Navaja, quien en repetidas ocasiones atracaba incautos, borrando rastros en completo cuidado, siempre obteniendo lucro abismal de sus ruines actos. Teresa le observaba de manera inquietante, puesto que la astucia del hombre le habría salvado la vida tantas veces, que era de admirar en el bajo mundo y sus contextos. De lentes oscuros, sombrero de ala ancha de medio lado, zapatillas y un toque de astucia con un diente de oro,  andaba solo por calles frías esperando algún modo de ponerle picante a lo avaro de sus días. Ella sabía qué tipo de calaña tenia y cuáles eran siempre sus intenciones con los demás: robar y matar si fuese necesario, o simplemente matar por desagrado, cosa que por supuesto para ella no se encontraba muy lejos de sus intereses y realidad; si ella pudiera, ejecutaría una limpieza social de la que el famoso navaja saldría ileso. Así que tal vez no sentía el mismo desagrado por todos, sino que había alguno que inquietaba su atención.

Nueva York siempre fue de su agrado, pero jamás pudo tener algún penthouse de prestigio sino que a mala suerte, terminó en los suburbios de la ciudad. La noche anterior, el café no fue su mayor indecisión, más que entender la causa de su extraña incertidumbre. Como era de costumbre, matones y gente de todo tipo pasó por las calles del barrio, así como Josefina y sus largas piernas que durante esa noche no tuvo buenos clientes por atender. La pobre andaba desesperada sin un peso, cosa que por supuesto dio cierto grado de frescura a doña Teresa, quien observaba como de costumbre, las andanzas de los demás sobre todo las de su prostituta más odiada. Josefina entre faldas cortas, un abrigo  y una pequeña cartera, acude al trago como medida de olvido a su mala racha laboral. Entra al bar de la esquina siguiente y en menos de nada vuelve a salir en busca de algún hombre por cortejar. En esas, pasa un carro de policía, en una de sus inconstantes rondas rutinarias. Josefina le ignora y sigue su camino.

Nuevamente frente a los ojos de doña Teresa, quien desde la ventana, augura infinita desgracia a la pobre mujer. Mientras camina, Josefina saca un arma de su abrigo y le guarda en la pequeña cartera. A mayor comodidad por supuesto para trabajar. En ese instante, dos calles atrás Teresa puede ver el paso atrevido e inquietante de Navaja con su porte agraciado. Sorprendentemente se emociona y siente rubor en sus mejillas, mientras acomoda sutilmente un par de rulos que lleva puestos en su canosa cabellera. En aquel preciso instante, se sienta junto a su ventana de manera que pueda observarle a cabalidad. Esta vez Pedro Navaja se encuentra ansioso y lentamente se acerca a Josefina, quien solo espera algún cliente por sus pesos del día. Entre afanes y ansiedad, Pedro saca de uno de los bolsillos de su gabán, una navaja y sonríe. Teresa, quien les observa desde su ventana se siente inquieta por los sucesos y espera a expectativa de lo que pudiese pasar. En esas, el hombre clava su navaja en varios instantes sobre la espalda de Josefina, quien en medio de agonías, saca el revólver de su pequeña cartera. Un 38 smith & wesson special, que dispara rápidamente. Pedro Navaja cae al suelo de inmediato y le observa de manera angustiosa. Josefina, entre sus últimos latidos, mira a su atacante y sonríe en ironía: “yo que pensaba hoy no es mi día y estoy salada, pero tu Pedro Navaja, tu estas peor, no estás en nada”.

Los cuerpos de Josefina Wilson y Pedro Navaja pierden la vida a causa de sus intentos por no perder la batalla. Teresa desde su vista principal, no puede creer lo que su ausencia de sueño le hace pasar. Aquel inquietante personaje que por su omnipotencia en nada perdía, fue asesinado por la vagabunda que tanto repudiaba en silencio. La gloria que se profesaba a si misma frente al conocido matón, se esfuma en segundos durante su intento de homicidio fallido para sí mismo. Tal parece que la taza de café se enfriaba, al compás de agonías entre Josefina y Pedro, mientras Teresa por vez primera siente deseos de ayudar. Tantas muertes por las calles del barrio, siendo ella testigo principal, siempre quedando en la impunidad y ahora puede ver su héroe imaginario agonizando por las manos de una sucia prostituta; toma la taza de café sobre una mesilla cerca a la ventana y entiende las razones de su incertidumbre de aquella noche. Recoge sus pantuflas y en silencio, entra a su habitación y se dispone a dormir. Por fin va dormir.

Horas más tarde,  un borracho camina por la cuadra del barrio cantando. Observa los cuerpos de Josefina y Pedro, puestos a su merced, muertos y a su entera disposición. Cuidadosamente toma la navaja y el revólver, algunos centavos del abrigo de Navaja y lo que quedo del sustento de Josefina. Se levanta entre mareos y cantando, se aleja del lugar.

 

…NADA…

Posted: August 19, 2010 in Uncategorized

NADA- ZOE

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…The Bitter Sweet Simphony…

Posted: August 19, 2010 in Uncategorized

The Bitter Sweet Simphony – The Verve

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…BLU…

Posted: August 19, 2010 in Uncategorized

Just…. Blu…

Posted: August 19, 2010 in Uncategorized

Magenta – bushido

Posted: August 17, 2010 in Uncategorized

Magenta- Bushido